Más tiempo
La pérdida del trabajo de un día para el otro había sido un cimbronazo, y como tal me había empujado por fuera de la frontera de lo habitual. Pero todavía no lograba darme del todo cuenta si ese repentino desempleo era del todo negativo, porque no me venía nada mal tener ese tiempo libre. Por un lado porque Carolina, quien había sido mi jefa hasta el mes de febrero, y quien desde entonces había fundado su propia empresa, solía darme trabajo eventualmente, que yo trataba de acomodar en mis tiempos libres. Justo unos días antes del despido había comenzado con uno de esos proyectos, y tenía que tenerlo terminado para mediados de octubre, cuando salía mi avión rumbo a España. Es decir que disponía de dos semanas, tiempo que a priori había juzgado suficiente, pero que luego comprobé que no era así, y hubiese sido absolutamente imposible de cumplir sin esa reciente disponibilidad horaria. El otro motivo de motivación (suena a redundancia) era que había conocido a la Rusa. La Rusa fue un ma...