Cartas
Empecé a vaciar el placard; primero los cajones, después las perchas y el estante de abajo donde estaban las zapatillas. La mudanza, lejos de sentirse como una carga, significaba el paso a la independencia, o en todo caso una semi independencia, porque me iba a lo que había sido la casa de mis abuelos. No había elegido el lugar, pero tenía sus ventajas y era un buen primer paso para abandonar la casa paterna. Ya había vaciado la biblioteca y puse en cajas las cosas innecesarias, esas que no me iba a llevar, que iban a quedar ahí, en ese dormitorio. Lo último en revisar fueron las puertas de arriba del placard, donde guardaba las sábanas y tenía archivadas algunas cosas: lugar de no muy fácil acceso por la altura. Y en el revoltijo de su interior me encontré con una pequeña caja circular de color celeste, rematada con un moño en su tapa. Ni bien quedó al descubierto la reconocí, aunque hubía olvidado por completo su existencia. Era la caja de un regalo que me había hecho Nin...