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Otro olvido

Hace muchos, muchos años me habitué a llevar una mochila que cada vez que salía de casa. Realmente lo importante no era la mochila en sí, sino lo que había en su interior: un cuaderno. En esos tiempos yo tenía unos diecisiete años, y era la etapa de transición entre el mundo escolar y el universitario. Tenía mi bandita de rock y aspiraba a ser músico, y había concluido en la ventaja de tener siempre un cuaderno (y lapicera) a mano, previendo que en cualquier momento podía ocurrírseme alguna idea o frase que diera pie a una posible letra. Obviamente cuando iba a la facultad lo hacía con mochila y cuaderno, pero yendo al trabajo también, si tenía que ir a comprar algo lo mismo, y de igual manera cuando estaba de novio con Nina y me pegaba esos viajes maratónicos hasta zona oeste. Cabe destacar que cuando empecé con esto no existían los teléfonos celulares (o sí, pero no eran algo común). Más tarde tuve, pero no eran cómodos para escribir cosas. Después la banda se disolvió y dejé de pe...

El problema de los 21 días, o la falta de memoria

“Cuando escribo algo, me tomo el trabajo de terminar el texto para luego pensar un título acorde. Esta vez fui en contra de mi costumbre y decidí empezar por ahí, pero apenas me disponía a encarar el primer párrafo ya me había arrepentido del titular. De todos modos decidí dejarlo. Al hablar de los 21 días como un problema (paciencia, ya van a entender de qué se trata), el lector me sabrá pesimista o gataflorista (que viene del refrán "sos como la gata Flora: si se la ponen grita, y si se la sacan llora"; es decir, inconformista). Pero vamos, soy pesimista, lo reconozco, y quienes me conocen lo saben, sólo que aquí estoy de incógnito y nadie conoce mi verdadera identidad. ” Hace un par de años, cuando comencé a escribir en este blog, me tomé la tarea muy en serio, y trataba de hacer publicaciones diarias, o casi. Era una forma de mantener activo el poder de redactar, para poder ganar ritmo y pulir, de algún modo, esa habilidad. Esto me llevaba a encontrarme durante muchos m...

Pude verlo un año más tarde

Y ahí estaba la Rusa, esperándome en el aeropuerto. Que haya ido a buscarme por iniciativa propia destruía mis antiguos temores y me colmaba de esperanza y alegría. Sin embargo, todavía no sabía bien cómo manejarme, porque previo al viaje todo había estado a punto de desmoronarse, y habíamos acordado ir más despacio, sin prisas ni presiones, con lo cual yo había tenido que caer indefectiblemente por una auto represión de sentimientos: no mensajear, no proponer encuentros en la medida que me hubiese gustado. Pero, ¿y ahora? Este gesto suyo que demostraba interés, ¿cambiaba los términos? No me hizo falta averiguarlo, porque durante los seis días siguientes a mi regreso terminamos viéndonos, haciendo diferente tipo de planes, y siempre propuestos por ella. Ella me había extrañado. La Rusa quería verme. Sin embargo, todo tenía un sustento bastante más endeble de lo que aparentaba, o mejor dicho, de lo que yo creía y quería, pero esto recién pude verlo un año más tarde. Nos vimos, salim...

Primer recuerdo de la niñez

La memoria opera de formas indescifrables. Y eso no está del todo bien, porque muchas veces uno termina quedando como un gil o un despistado por haber olvidado algo que nos dijeron hace un par de días, y que aun habiéndole prestado atención porque sabíamos que era importante, hoy ya no lo podemos recordar aunque hagamos todo el esfuerzo del mundo. Me acuerdo en el año 2005 cuando fui al recital de The Offspring. En la previa, mientras tocaban las bandas teloneras, en medio de la marejada de gente una chica se calló al piso, con riesgo de ser pasada por arriba. Yo la ayudé a levantarse, y cruzamos un par de palabras, porque como el volumen de la música estaba muy alto era imposible mantener una conversación. Ambos nos quedamos mirando al escenario, y ella me dio la mano, lo que interpreté como señal de agradecimiento. Luego, durante el intervalo entre bandas ella me dijo su nombre y me dio su correo electrónico. En ese momento, sin teléfono celular, tuve que elucubrar mil reglas mnemo...