El problema de los 21 días, o la falta de memoria
“Cuando escribo algo, me tomo el trabajo de terminar el texto para luego pensar un título acorde. Esta vez fui en contra de mi costumbre y decidí empezar por ahí, pero apenas me disponía a encarar el primer párrafo ya me había arrepentido del titular. De todos modos decidí dejarlo. Al hablar de los 21 días como un problema (paciencia, ya van a entender de qué se trata), el lector me sabrá pesimista o gataflorista (que viene del refrán "sos como la gata Flora: si se la ponen grita, y si se la sacan llora"; es decir, inconformista). Pero vamos, soy pesimista, lo reconozco, y quienes me conocen lo saben, sólo que aquí estoy de incógnito y nadie conoce mi verdadera identidad. ” Hace un par de años, cuando comencé a escribir en este blog, me tomé la tarea muy en serio, y trataba de hacer publicaciones diarias, o casi. Era una forma de mantener activo el poder de redactar, para poder ganar ritmo y pulir, de algún modo, esa habilidad. Esto me llevaba a encontrarme durante muchos m...