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Un guiño no cuesta nada

Hace unos diez años, cuando se empezó a hacer masivo el Facebook como red social, yo traté de resistirme y no registrarme, no porque me pareciera una bosta, sino porque sabía que con la cantidad de funciones y pelotudeces que tenía, me iba a enviciar e iba a terminar perdiendo muchas horas de mi vida ahí adentro. Lo sabía. Finalmente un día caí, y se cumplió todo lo que había vaticinado. De un modo similar, antes de aprender a manejar, intuía que el día que estuviese atrás del volante se iban a hacer mucho más patentes mis cualidades de ver las fallas de los otros automovilistas. Efectivamente, hoy soy un conductor cascarrabias. Saqué el registro hace apenas tres años (yo tenía 31 de edad), pero aún así considero que manejo mucho mejor que la mayoría. Y es que la generalidad de la gente lo hace como el orto, digámoslo. Pero hay que diferenciar a los malos conductores en dos grupos: los que tienen la habilidad o conocimiento para hacerlo bien, y de todos modos eligen la falta, y l...