La muerte de las bromas
Hace semanas que todos los días me suena el celular, a cualquier hora, pero con una constante: el número que aparece en pantalla es siempre el mismo, terminado en 7777. No necesito contestar, porque sé que se trata de la gente de Movistar que desea convencerme de cambiarme de plan, porque hay uno nuevo que me conviene y me va a facilitar la existencia. Podría atender, dedicarle a la operadora unos minutos, para luego exponerle mi posición de desinterés ante tal servicio. Ya lo he hecho en otras oportunidades, y lo único que consigo es un período de paz, sin llamadas comerciales, hasta que el ciclo se repite. Así que ahora opté por ignorar el teléfono cuando veo que está sonando. Hace un tiempo que es fácil ignorar llamadas, por un lado, porque cada individuo porta en su bolsillo un teléfono personal, que le da la decisión absoluta de atender o no, y por otro porque con el número entrante impreso en la pantalla se reduce el riesgo de un interlocutor indeseado. De hecho, muchas vec...