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Sueños del 2009

El 2009 lo arranqué muy abajo, con malestar. En febrero, para el cumpleaños de Nina, la llamé para saludarla (el último contacto había sido en septiembre pasado, y con enojo por parte de ella). La llamada fue satisfactoria, y al recuperar el diálogo y ver que estaba todo bien, empecé a ilusionarme nuevamente con la idea de un regreso; de hecho una amiga me comentó que ella había preguntado por mí, lo cual alimentó un poco esa ilusión. Para el mes de marzo nos volvimos a ver por primera vez luego de la ruptura, ya sabiendo que ella no quería volver y que estaba saliendo con alguien. Promediando el año empecé a conocer a otra chica, pero en cosa de un mes ya se había terminado esa historia. Esto me produjo también bastante malestar, pero los sueños con Nina siguieron ocurriendo. La temática del regreso, de volver a intentar estar juntos es un poco menos abarcativa que en el año anterior, pero aún así creo que sigue siendo la dominante. Siempre hay algo de felicidad en esos encuentr...

Sueños del 2008

Hace dos semanas que no tengo terapia, porque Belén se fue de vacaciones. Pero me dejó tarea para hacer en su ausencia. Ya había contado anteriormente lo de mis frecuentes sueños con Nina durante estos últimos diez años, que fui registrando meticulosamente en escritos, y que decidí hace poco darle fin a esta tarea. Mi idea es transformar todo ese material en un libro, pero tengo que ver de qué manera darle forma. Y Belén me encomendó que utilice estas semanas para leer y tratar de encontrar patrones en los sueños, organizándolos por año, y tratando de entender cuál pudo haber sido el significado que tuvieron esas representaciones oníricas. La idea de esto es tener en cuenta cómo era mi vida en esos tiempos, qué cosas me pasaban, como para que sea más fácil el análisis. Así que todo está separado por años, comenzando por el 2008, que fue cuando los sueños tuvieron su inicio. … Ese año lo recuerdo como muy difícil. Nos habíamos peleado con Nina en diciembre del 2007, a la seman...

Acaba la cábala

Hay mucha gente que tiene cábalas y cree en ellas. Según su definición, la cábala es una “suposición o cálculo formado a partir de datos incompletos o de indicios”; o sea, puro chamuyo. De alguna manera queremos aferrarnos a algo incoherente, quizás como para suponer que tenemos alguna injerencia en eventos que escapan completamente a nosotros. La cábala es una manera vulgar o campechana de saberse el escritor del futuro; una forma de creernos protagonistas de lo que en verdad somos espectadores. Lo curioso de la cábala es que la mayoría de las personas que posee una, sigue aferrándose a ellas aun cuando no se cumplen los resultados esperados. “Siempre que voy a la cancha a ver a Racing me pongo el mismo calzoncillo”. Pero escuchame una cosa: Racing pierde más partidos de los que gana; esa cábala no está funcionando. Lo que pasa es que el cabulero adjudica ese mal resultado a otros atributos ajenos a él. Es decir que no se perdió el partido por su calzón; eso estuvo bien. Pero al...

Un guiño no cuesta nada

Hace unos diez años, cuando se empezó a hacer masivo el Facebook como red social, yo traté de resistirme y no registrarme, no porque me pareciera una bosta, sino porque sabía que con la cantidad de funciones y pelotudeces que tenía, me iba a enviciar e iba a terminar perdiendo muchas horas de mi vida ahí adentro. Lo sabía. Finalmente un día caí, y se cumplió todo lo que había vaticinado. De un modo similar, antes de aprender a manejar, intuía que el día que estuviese atrás del volante se iban a hacer mucho más patentes mis cualidades de ver las fallas de los otros automovilistas. Efectivamente, hoy soy un conductor cascarrabias. Saqué el registro hace apenas tres años (yo tenía 31 de edad), pero aún así considero que manejo mucho mejor que la mayoría. Y es que la generalidad de la gente lo hace como el orto, digámoslo. Pero hay que diferenciar a los malos conductores en dos grupos: los que tienen la habilidad o conocimiento para hacerlo bien, y de todos modos eligen la falta, y l...

Cuando sea presidente

Hay algo que me llama mucho la atención. En los últimos meses se fue instalando paulatinamente en los medios de comunicación, en las redes sociales y en el boca en boca el tema del aborto. Que si está bien, que si está mal, que es mi cuerpo y yo decido, que salvemos las dos vidas, que cerrá las piernas, y muchas cosas más. Yo tengo una opinión medianamente formada al respecto (digo medianamente porque sigo encontrando argumentos válidos en ambos lados), pero hay algo que se está omitiendo en todo este revuelo, que me parece de suma importancia y que, o a nadie se le ocurrió aún, o hay intereses ocultos. Estoy hablando de la decisión concreta de tener un hijo. Me parece que no se está viendo el verdadero peso de esto, y la seriedad con que habría que tomar esta elección. Según un estudio de la Universidad de Nomeimporta, el 44% de los embarazos no fueron buscados. ¡Estamos todos locos! Eso significa que casi la mitad de la gente que está caminando por el planeta “cayó en paracaída...

Pobre loco

Vemos a un loco caminando por la calle. Nos damos cuenta que es loco por su forma de vestir, a veces extravagante, y otras sumamente descuidada y sucia, al borde de la indigencia; por sus movimientos que son una mezcla de tics y actos reflejos casi convulsivos de a momentos; porque habla solo, grita, y hasta increpa a la gente que se le cruza; y por su andar seguro en la calle, aunque sin un destino claro, y muchas veces susceptible a cambios abruptos de dirección. Solemos verlo como a un tipo raro, malo, agresivo, y por eso lo dejamos solo. La simple idea de tener que dialogar con él, nos produce un escozor, una incomodidad, y por eso preferimos evitarlo. Rápidamente lo etiquetamos como loco, y de esta manera es más fácil; sentimos que de alguna manera se justifica nuestro desprecio hacia él. Abundan las leyendas de los locos del barrio, que otrora solían ser grandes cirujanos, empresarios exitosos o vecinos como cualquier otro hasta que la muerte de la mujer, o la aparición de ...

Llamada entrante

Creo que en el fondo, pese a mi aspecto hosco, a mi semblante de tipo serio y malhumorado, y a todas las características que demuestran o dan a entender que fui convirtiéndome en un tipo duro, reacio, desensibilizado y mezquino a la hora de expresar sentimientos, sigo siendo un romántico a la vieja escuela, que confía en el amor para toda la vida, y en la búsqueda de ese ser. Creo (o quiero creer) en pequeñas pistas que fueron puestas ahí por alguna divinidad intangible, para que sepamos interpretarlas y así acercarnos a ese ser que nos colme de felicidad. El sábado venía manejando, y veo en el medio de la calle un pequeño rectángulo negro brillante. Por aspecto y dimensiones me pareció que era un teléfono, así que luego de pasarle por encima (pero sin pisarlo con las ruedas) detuve la marcha y me dirigí hacia el objeto. Efectivamente era un celular. Era una calle muy poco transitada, por la que no suelo circular. De hecho, era la primera vez que andaba por ahí. Capaz que había a...